La alarma del despertador empezó a sonar cuando parecía que hacía solo 10 minutos que había conciliado el sueño. Las 03:00 de la madrugada y por culpa de los habituales nervios asociados a este tipo de eventos astronómicos me había costado mucho conciliar el sueño. No había tiempo para dormir más, en apenas media hora comenzaría la fase penumbral y todavía teníamos que vestirnos y recorrer los 30 km hasta nuestro lugar de observación.
Preparé un Colacao caliente en un termo y cogí unas galletas de chocolate. Las temperaturas, inusualmente frescas para un mes de agosto, nos llevaron a sacar la ropa térmica y los abrigos. Solo tuve que coger la mochila que había dejado preparada en la puerta, el resto del equipo ya lo cargué en el coche la noche antes aunque de nuevo opté por una configuración liviana, la az-gti y el Mak127. Por las malas estoy comprobando que los equipos ligeros son al final los que más se usan, mi espalda últimamente se encarga de recordármelo a menudo.
Salimos con el coche a la A42 rumbo a la zona limítrofe entre la provincia de Madrid y Toledo. Podríamos haber ido a cualquier parque del barrio pero la sensación de inseguridad y el abuso de farolas nos hizo ir a una zona más tranquila y oscura. Que paradoja ¿Verdad? Pues si, me siento mucho más seguro en un campo a oscuras que en cualquier parque de Madrid totalmente iluminado, porque al final, en caso de problemas las farolas no van a salir en tu ayuda.
Llegamos sobre las 04:00 a la zona de observación. La fase penumbral, aunque hacía ya varios minutos que había comenzado, no se apreciaba a simple vista, o al menos a mí no me lo pareció. También es verdad que no tenía referente previo. Buscamos un sitio despejado para que los árboles no nos molestaran la línea de visión, sobre todo cuando la Luna perdiera altura. Monté el telescopio rápidamente y coloqué la cámara Canon 6D en él para sacar fotos del eclipse. En un trípode, que me tuve que comprar en Burgos hace unos días porque me dejé la zapata del mío en casa, monté los prismáticos Olympus 10×50. ¡Todo listo! Con las prisas ni me había puesto el abrigo y comenzaba a notar el fresco.
Faltaban solo unos pocos minutos para que comenzara la parcialidad. La temperatura era de unos 13 grados y el cielo estaba totalmente despejado con un poco de humedad debido a las lluvias del día anterior. Habíamos tenido mucha suerte, los días previos había estado totalmente nublado pero se despejó en el momento justo, antes del eclipse. En una hípica próxima escuchábamos a los caballos, estaba todo muy tranquilo y se respiraba la calma y el aire limpio.
Puse el mando al telescopio y comencé el proceso de alineación. Seleccioné Capella como estrella de referencia y luego el ordenador me dijo que centrara en Vega, llevándome a sus inmediaciones, solo que no lo hizo con mucha precisión. ¡Que raro! Normalmente esto lo hace mejor… corregí el error, apunté a Vega y después le pedí que fuera a la Luna… ¡Ups! Otra vez se ha quedado muy lejos…bueno voy a moverlo a mano a ver. Apunto a la Luna y saco una foto de prueba, pero noto que el seguimiento no es preciso. La Luna se va deslizando por la pantalla de la cámara poco a poco…¿Estará mal equilibrado el tubo? Apago la montura, suelto frenos y reviso el equilibrado. No, estaba todo bien. Vuelvo a poner el equipo nivelado y apuntando al norte. Repito la alineación. ¿Seguro que aquella estrella es Capella, no? Si, si, no tiene pérdida, aquello es Auriga, ahí están las Pléyades… Orión empieza a dejarse ver bajo todavía en el horizonte…Bueno, no se, se le habrá ido la pinza al telescopio, vamos a repetir, reviso bien las coordenadas GPS, la hora… vamos a Capella, apunto y queda centrada. Venga, a por la segunda estrella, en vez de Vega vamos a seleccionar Polaris. El telescopio se va hacia Polaris pero de nuevo se queda algo lejos… ya me empiezo a mosquear. Corrijo, centro y le mando a la Luna, de nuevo se queda lejos…
No hay tiempo para andar investigando. La fase de parcialidad va a comenzar en un momento. En el campo aledaño, que pertenece a la hípica de repente se escucha un «Pfufffff, puffff, puffffffff,uuuuuuuuuuf» Un caballo se acaba de tirar un pedo tremendo. Me sale la carcajada. -«¡Mira Diana, el caballo está anunciando el fin de la fase pedumbral!». Nos ponemos a reir como dos tontos, al tiempo que sí, efectivamente empezamos a notar una pequeña muesca oscura en la Luna. Muevo un poquito el telescopio para corregir el error de seguimiento y saco mis primeras fotos del eclipse. También le echamos un vistazo a la Luna con los prismáticos, se aprecia perfectamente como la sombra le va ganando terreno a la superficie lunar.

Aprovechamos para tomarnos el primer Colacao y unas galletas mientras disfrutamos del fenómeno a simple vista. En ese momento mi cerebro parece activarse y caigo en algo ¿No habré puesto la montura en el lado incorrecto? La Az-Gti monta el tubo en el lado izquierdo cuando se usa en altazimutal y en el lado derecho en modo ecuatorial. En ese momento me doy cuenta de mi error, tenía el tubo en el lado incorrecto. Así que apago la montura, apunto al norte de nuevo y esta vez muevo el tubo para que esté en el lado izquierdo de la montura. Esto me obliga a girar la cámara 180º ya que se había quedado boca abajo. Comienzo de nuevo la rutina de alineación y esta vez si, todo funciona bien. ¡Madre mía que dormido estaba! Había puesto el tubo en el lado incorrecto. En fin, cosas que pasan incluso cuando has montado el telescopio cientos de veces.
La sombra de la Luna seguía y seguía avanzando. Llegó un momento en que se empezó a notar un tono pardo, pero no tan rojizo como en otros eclipses que recuerdo. Curiosamente a ojo desnudo, la parte inferior parecía tener un brillo extraño, pero con los prismáticos no lo apreciaba, sería un efecto óptico. De vez en cuando seguía sacando fotos con diferentes exposiciones para captar las sutiles diferencias de las zonas diferentemente iluminadas. Si quieres sacar detalles de la zona iluminada tienes que bajar la exposición y entonces la zona eclipsada queda a oscuras y si quieres sacar detalles de la zona eclipsada entonces subes la exposición y la zona iluminada se quema. Es lo malo de fotografiar eclipses, luego tienes que hacer un HDR en procesado, si no no hay manera.
Con prismáticos sobre trípode la imagen se disfrutaba mucho. Nuestros ojos son máquinas perfectas que tienen un rango dinámico altísimo y pueden apreciar con igual nitidez la zona iluminada de la eclipsada. Las diferentes tonalidades, los relieves lunares, durante un eclipse se puede disfrutar de una visión única de la Luna que son imposibles durante un plenilunio normal en el que no hay sombra ninguna. Además como el brillo de la Luna se apaga puedes disfrutar de las estrellas que rodean, solo aparentemente, a nuestro satélite. Aquí me llamó la atención una estrella en el lado izquierdo (Bayer Sigma Aquarii) y un grupo de estrellas en el derecho (en el que destacaba 43 Aquarii o Ancha).

A poco de que llegáramos al máximo del eclipse empezamos a escuchar algunas aves. El mochuelo se despertó y el gallo empezó también a cantar. Los caballos estaban algo más activos cuando llegaron los dueños de la finca a comenzar a trabajar. Poco a poco salíamos de la tranquilidad de la noche y el mundo parecía reactivarse. El ruido del tráfico de la carretera próximo también se dejaba notar.
Llegamos al máximo del eclipse ya con las luces del amanecer y Orión perfectamente visible en el cielo, anunciando la llegada del otoño y de los cielos invernales. No pude resistirme a echar un vistazo a M42 con los prismáticos.
La Luna no llegó a oscurecerse por completo, al ser un eclipse parcial una pequeña muesca se quedó iluminada en el lado derecho. La visión en cualquier caso era muy hermosa. Se apreciaba la banda ligeramente azulada que produce el ozono de nuestra atmósfera justo en la separación entre la zona de umbra y penumbra. En la zona sombra la tonalidad era pardusca-anaranjada, no rojiza y la luna ofrecía la característica sensación de tridimensionalidad que se produce durante los eclipses.
Nos dio por recordar otros eclipses que habíamos visto anteriormente y a comparar con ellos. Recordamos también aquel impacto de meteoroide que vimos hace unos años en pleno eclipse…van pasando los años y uno cada vez tiene más batallitas que contar.

Pasaban los minutos y se apreciaba que la sombra ya se iba retirando poco a poco. La luz del amanecer ya llenaba todo el cielo y hacia el este se apreciaban los primeros tonos anaranjados. Como yo tenía que trabajar en unas horas tuvimos que empezar a recoger para regresar a Madrid. Se me había pasado el tiempo volando. Llevábamos unas 3 horas y media allí y parecía que hubieran pasado solo unos minutos.
Me traje para casa un montón de material para procesar y una nueva aventura con un eclipse observado, aunque fuera parcial. El próximo total nos espera en una fecha especial, el 31 de diciembre de 2028. Una buena forma de despedir el año, seguro.


